papel
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Un artista plástico se dedicaría al diseño y la impresión de sus obras casi en tiempo real. Gracias a Guttemberg ningún diseñador gráfico actual necesita mancharse con tinta. En tiempos de escritura digital la cosa se pone más compleja. Pero alguna vez, habrá que contarle a los niños que habrán nacido hacia el 2030 que alguna vez existió la escritura técnica y la máquina de escribir y antes de ella todavía la manuscrita. Sí, pequeños, hubo un tiempo en que se usaban las manos. Y se usaba papel, y el mundo debía ser un lugar más pesado. Ahora no, ya no, pensó el diseñador: todo se aloja en la inmaterialidad concreta del bit.

Los bits se alojan en soportes físicos, como las redes, los servidores y demás elementos que el diseñador ignoraba, para él simplemente estaban ahí. Estos artefactos tienen a ocupar cada vez menos espacio pero cada vez son más numerosos dado que la cultura envasada en unos y ceros crece exponencialmente todos los días.

Madera, celulosa, papel, tintas y pigmentos. Arena, silicio, cobre, coltán y petroquímicos. Vegetales, minerales e ideas. Forma y apellido. El hombre bajó de los árboles, capturó el fuego y elaboró la teoría del diseño inteligente. También inventó la rueda y quemó algunos libros. Domesticó animales, inventó el lenguaje.

Ahora bien, ¿son los diseñadores gráficos artistas plásticos? Y si los artistas plásticos lo permiten, ¿son merecedores del título de artista? La introducción de la imprenta en Occidente y el desarrollo de los tipos móviles inauguró el arte de la tipografía. Los tipos móviles fueron desplazados por procesos fotoquímicos y la tipografía se transformó en una disciplina independiente de los sistemas de impresión.

Suponiendo que pintor de cuadros + un pintor de paredes = muralismo, diseñador gráfico + pintor de soplete = street art. En ambos casos artista debe ejercer derechos de autor para no ser confundido con pintor de oficio, o inscribir su práctica en un campo específico, en una historia de las representaciones. Desarrollar obras colaborativas, donde la autoría se torna difusa. Es habitual encontrarlas en propuestas contemporáneas. La esfinge del genio creador viene tambaleando desde las primeras experiencias constructivistas, durante los primeros años de la revolución rusa.

El empleado nuevo descubrió que todos los días aparecían manchas en la pantalla del monitor que todas las mañanas lo acompañaba durante varias horas. Como era nuevo no se animaba a reclamarle nada a nadie. De todos modos tenía un paquete de pañuelos descartables. En aquellas mañanas de invierno los resfríos lo acompañaban tanto como los monitores manchados. Los monitores planos antirreflejos eran tan caros como su tamaño, por lo que evitaba que lo vieran limpiando la pantalla con pañuelos, papel higiénico o las mangas del buzo.

Un día llevó una franela que confeccionó con una remera vieja y la guardó en un cajón repleto de porquerías. El cajón estaba ubicado a la izquierda de la bandeja del teclado y para abrirlo debía correr unos cables que colgaban permanentemente sobre el frente del escritorio. Tampoco se atrevió a mover los cables de su lugar.

El operador offset seguía preguntándose acerca del arte y la condición humana. Y se quedó fumando solo en ese galpón abandonado repleto de alambres, chapas oxidadas, latas de tinta con restos resecos y cilindros de cartón desformados por la humedad. Todo estaba cubierto de polvo, hongos y moho.

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